lunes, 24 de noviembre de 2008

EL OJO



Dijo un día el ojo a sus compañeros:
-Veo más allá de esos valles una montaña envuelta en nubes. ¡Qué montaña más solemne!
-¿Dónde está esa montaña que tú ves? -interrogó el oído, después de haber escuchado las palabras del ojo-; yo no oigo su voz.
-En vano pretendo sentirla -adujo la mano-. Allí no hay montaña alguna.
-Nosotras no podemos comprender -objetaron las narices- cómo puede existir esa montaña sin que nosotras aspiremos su perfume. Por lo tanto, no hay tal cosa.
Miró el ojo hacia el otro lado del cielo, riéndose dentro de sí, mientras los demás sentidos fueron a reunirse en un conciliábulo, deliberando sobre el motivo que indujo al ojo a tamaño desvarío. Después de una minuciosa investigación llegaron por unanimidad a esta conclusión:
"El ojo, sin duda, ha perdido el juicio."


G. KHALIL GIBRÁN

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