viernes, 7 de noviembre de 2008

EL JARDINERO



Pero, madre ¿cómo quieres que esta mañana me dé cuenta de lo que hago cuando el Príncipe está a punto de pasar por delante de mi casa? ¿Qué peinado crees que debo hacerme? ¿Cómo piensas que debo vestirme para semejante ocasión?

Ya sé, madre, lo que vas a decirme; que él ni siquiera va a mirar a mi balcón, que pasará tan rápido como un suspiro, que todo será como una nota que se escapa llorando de una flauta... Pero el Príncipe va a pasar por delante de mi casa, madre, y para ese momento quiero engalanarme lo mejor que pueda.

Ya ha pasado el Príncipe, madre. ¡Cómo lucía la carroza bajo los rayos del sol! Yo aparté el velo que cubría mi rostro y tomé el collar de piedras rojas de mi cuello y lo arrojé a sus pies. Sí, madre. ¿Por qué te quedas mirándome? Ya sé que pasó tan rápido como el viento y que no volvió su cara para mirarme; ya sé que mi collar fue aplastado por las ruedas de la carroza y cuando él pasó no quedaba sino una mancha rojiza sobre el polvo; ya sé que nadie se dio cuenta de mi regalo, ni de a quién iba destinado... Pero ha pasado el Príncipe por delante de mi casa y yo le he dado, a su paso, lo mejor que tenía.


R. Tagore

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