viernes, 11 de enero de 2013

AÑOS DORADOS, MESES PLATEADOS

clip_image001A lo largo de la historia, los humanos han intentado seguirle la pista al tiempo. La magia de la medición del tiempo les ha permitido contar edades, planificar vacaciones y determinar cuándo sembrar y cuándo cosechar. Empezaron pronto; uno de los artefactos más antiguos hallados es la Venus de Laussel, que sostiene un cuerno en el que hay 13 líneas grabadas: el número de ciclos lunares en un año solar. Con el tiempo, nuestros antepasados inventaron una serie de calendarios basados en los ciclos importantes que se observan en la naturaleza.

Los calendarios puramente lunares miden sólo los ciclos de la Luna. Sus meses intentan sincronizarse lo más exactamente posible con las fases de la Luna. Sus años, normalmente compuestos de trece lunas o meses, no tienen relación con el año solar. El calendario musulmán es un ejemplo de este tipo.

Los calendarios puramente solares miden únicamente los ciclos del Sol. Siguen el rastro de las estaciones, que son el resultado de la inclinación del eje de la Tierra y de su orientación cambiante hacia el Sol durante el curso de su órbita anual. Cada año comienza en algún punto del ciclo estacional, o cerca de él. Aunque el año puede estar formado por meses, éstos tienen poca o ninguna semejanza con el ciclo lunar. El calendario Gregoriano, o de la Era Cristiana, pertenece a este grupo.

Algunos calendarios intentan equilibrar los dos ciclos principales, siguiendo la pista del Sol y de la Luna. Esto rara vez funciona, porque ninguna de las mediciones astrológicas de las rotaciones de las órbitas (día sidéreo, día solar, mes sidéreo, mes sinódico, año sidéreo y año tropical) son iguales ni se dividen unas con otras de forma equivalente. Esto se convierte en un canje: una mayor exactitud en algunas mediciones conlleva una menor exactitud en otras.

Los calendarios lunisolares son híbridos que miden el ciclo de las estaciones con mayor exactitud que las fases de la Luna. Sus años encajan bien con las estaciones y sus meses no encajan tan bien con las lunas. El calendario Liberalia Triday es uno de estos híbridos. Por el contrario, los calendarios solilunares llevan un mejor registro del ciclo lunar que del ciclo solar. Sus meses encajan de forma bastante exacta con las Lunas, mientras que sus años no encajan de forma tan precisa con las estaciones. El calendario chino, por ejemplo, pertenece a esta categoría.

Acerca de los calendarios lunares

Algunos expertos consideran que la veneración de la Luna y sus fases podría remontarse a entre 60.000 y 70.000 años atrás, mientras que la adoración del Sol y las estaciones se remonta sólo a unos 12.000 años atrás. La ventaja de usar a la Luna para llevar un registro del tiempo es su velocidad: pasa por sus fases con la suficiente rapidez como para que cualquiera lo perciba en cuestión de días. Su aparente crecimiento y encogimiento sugiere su uso para hechizos de requerimiento y destierro, y para la magia para la cacería y para la cosecha.

Otra ventaja es que la Luna se relaciona con la biología humana: el ciclo menstrual se aproxima al de 29,5 días de la Luna. Esto la conecta con la magia de las mujeres y la espiritualidad de la Diosa. La mayoría de de las culturas representa a su deidad lunar como una mujer, aunque hay unos pocos dioses lunares. Actualmente, muchas asambleas de Brujas feministas cuentan el tiempo de acuerdo con la Luna, nombrando entre doce y trece ciclos lunares al año; y hasta se publican calendarios lunares.

clip_image002 La desventaja de los calendarios lunares es que “van a paso de tortuga” respecto a las estaciones, porque el número de ciclos lunares no se reparte uniformemente en el año solar. Tampoco coincide con el ciclo diurno y nocturno. Así que un calendario lunar funciona bien para determinar las festividades de la Luna –los esbats (celebración de la luna llena, suele ser una fiesta más pequeña y menos ritualista que los sabbats pero es más solemne y meditativa) en Luna llena o Luna nueva, por ejemplo-, o para actividades que requieren luz u oscuridad por la noche. En cambio, no funciona para determinar festividades anuales. Los meses salen de la fase rápidamente y pasan por las estaciones. He aquí un repaso de algunos calendarios lunares:

El calendario Babilónico estaba compuesto de doce meses lunares. Cada mes empezaba con la observación de la nueva Luna creciente durante la puesta de Sol, baja en el horizonte occidental. Este calendario, establecido en algún momento antes del 2.000 a.C., se mantuvo hasta aproximadamente el año 499 a.C., cuando surgió la regulación lunisolar.

El calendario Hijri (islámico) cuenta doce meses lunares, con un año de aproximadamente 354 días. Su primer año fue el de Hijra, cuando Mahoma viajó desde la Meca hasta la Medina.

El Calendario Lunar publicado por Luna Press utiliza un alfabeto arbóreo inspirado por Robert Graves, representado en trece meses lunares. El calendario de pared muestra cada lunación en su propia página, en un formato único en espiral, ofreciendo una información detallada sobre la Luna y otros sucesos astrológicos.

Acerca de los calendarios solares

clip_image004El Sol gobierna las estaciones, así que siempre ha influido en la vida humana, pero con la aparición de la agricultura su importancia aumentó. Nuestros antepasados necesitaban calcular cuándo era mejor sembrar y cuándo cosechar. La ventaja de un calendario solar es que coincide con las estaciones. Además está vinculado a la biología humana, aunque de una forma distinta a la Luna: los días más largos y más cortos pueden afectar a los estados de ánimo de las personas.

El calendario solar tiene la desventaja de seguir un ciclo largo y es difícil observar cambios de un día a otro. Dado que el Sol tarda un año en completar su curso, determinar las fechas exactas de cada equinoccio y cada solsticio –y la verdadera duración de un año solar- plantea un serio desafío. Echemos una mirad a algunos calendarios solares:

El calendario Baha’i tiene un año de 365 días, con diecinueve meses de diecinueve días cada uno, además de un período intercalado de cuatro a cinco días (llamado Ayyam-i-Ha o “Días de Dicha”). El año empieza en el equinoccio de invierno. Como muchos calendarios paganos, cada día comienza al ponerse el Sol del día solar anterior y finaliza con la puesta de Sol del día solar actual.

En la India se usa el calendario Bangla (también conocido como Bengalí). El año tiene 365 días, con 12 meses de 30 o 31 días cada uno. Año Nuevo, o Polea Baishakh, es el primer día de Baishakh.

El calendario Jalaali (también conocido como iraní o persa) se basa en la observación astronómica, más que en unas reglas arbitrarias. Cada año comienza en la medianoche más cercana al equinoccio de invierno. Los doce meses tienen nombres persas; los primeros seis meses tienen 31 días, los cinco siguientes 30 y el último veintinueve o treinta días. Es un calendario particularmente preciso.

En Kerala, un estado al sur de la India, se usa el calendario Malayalam. Sus doce meses llevan los nombres de las constelaciones en las que el Sol aparece durante ese período. Por ejemplo, Leo se relaciona con el mes Chingom (de la palabra simham, que quiere decir “león”).

Los desafíos de llevar la cuenta del tiempo

clip_image005La necesidad de tener un calendario preciso es crucial; las sociedades han dedicado milenios a la consecución de este objetivo. ¡Pero el universo ha conspirado contra ello! La mayoría de los calendarios están relacionados con los principales ciclos astronómicos, pero los ciclos no son completamente iguales. El día sidéreo mide cuánto tarda la Tierra en hacer una rotación completa: 23 horas, 56 minutos y 4,091 segundos. Un día solar mide cuánto tarda el Sol en atravesar el meridiano local y volver a cruzarlo, es decir, va de mediodía a mediodía. Sin embargo, debido a la órbita elíptica de la Tierra y a su inclinación axial, la duración de un día solar varía a lo largo del año; la duración promedio es de 24 horas. Un mes sidéreo mide cuánto tiempo tarda la Luna en dar una vuelta alrededor de la Tierra: 27 días, 7 horas y 43 minutos. Puesto que la Luna orbita a una Tierra en movimiento, debe viajar un poco más de 360º para ir de una Luna llena a la siguiente. Por lo tanto, un mes sinódico (es decir, un mes lunar) es más largo: 29 días, 12 horas y 44 minutos. Un año sidéreo mide cuánto tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol: 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9,5 segundos. Sin embargo, debido a la precesión de los equinoccios, el año sidéreo no lleva el paso de las estaciones. Un año tropical mide el tiempo entre dos equinoccios de invierno sucesivos: 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Esto da las bases para el año que se usa en el calendario gregoriano.

clip_image007 Estas discrepancias hacen que los calendarios lunares sigan correctamente la pista de la actividad lunar y de modo deficiente la de la actividad solar, mientras que los calendarios solares siguen correctamente la pista del Sol y las estaciones pero deficientemente la de la Luna. Los calendarios solilunar y lunisolar realizan una labor moderada de seguirles la pista a ambos astros, y no es ninguna sorpresa que algunos apuntadores del tiempo se hayan llevado las manos a la cabeza desesperados y hayan creado sistemas independientes. Cuando nuestra comprensión de la ciencia del calendario maduró, aprendimos a usar “días bisiestos” y “períodos intercalarios” para ajustar esas diferencias, manteniendo a los meses y a los años sincronizados de forma más precisa. Por eso, los calendarios más sofisticados tienen números variables.

clip_image009 La búsqueda de un mecanismo perfecto nos llevó a un método para llevar la cuenta del tiempo ¡que ha demostrado ser demasiado preciso para nuestras necesidades! Los relojes atómicos basados en las oscilaciones de los átomos de cesio son precisos a una billonésima parte de segundo por año. Dado que nos encontramos en un planeta que oscila, se agita y se retrasa en su camino a través del espacio, necesitamos llevar la cuenta del tiempo que se relaciona con él. Esta Tierra no puede seguir el ritmo del reloj atómico, así que volvemos a usar “segundos bisiestos” para volver a calibrar el reloj maestro, para que no deje de estar sincronizado con el tiempo terrestre.

Quizá cuando colonicemos el espacio estaremos preparados para el tiempo atómico perfecto, pero de momento seguimos contando los calendarios de acuerdo con la Luna que sale, el Sol que se pone y los demás marcadores transmitidos por nuestros ancestros.

Elizabeth Barrette

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