viernes, 24 de diciembre de 2010

EL DÍA 21 FUE…

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YULE
Ponemos luces en nuestras entradas y porches y en los tejados de nuestros garajes para ahuyentar a la oscuridad. Celebramos el renacimiento de la luz en la noche más larga del año. El solsticio de invierno es tiempo para reunirse, para el amor, la paz, la buena voluntad y, más importante aún, para el perdón. En esa época del año tan austera y fría, utilizamos ramas y follajes para simbolizar la vida; colores vivos, imágenes de ricas cosechas y montañas de regalos para alejar la penuria o el miedo a ella.
     En esta estación, repasa los álbumes de fotos, los anuarios y las agendas. Fíjate en la gente con la que has perdido el contacto y dedica diez minutos a escribir una postal con una nota personal de felicitación.
     En este solsticio, enciende tantas velas como sea seguro. En algún momento de tu ceremonia apágalas todas. Siéntate a oscuras un momento, contempla las tinieblas, la noche oscura del alma, y lo que significa para ti. Vuelve a encender las velas, empieza por la que sea más céntrica en relación con el ritual y luego gira en sentido horario, a medida que las vas encendiendo para simbolizar la revolución de la rueda que vuelve hacia la luz del día. Realiza trabajos de adivinación con las velas apagadas y permite que el encendido de las velas simbolice tu propia iluminación.
Cerridwen Iris Shea
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