La
leyenda griega consideraba al rey cretense Minos
como el primer soberano de los mares. La madre de éste fue una
princesa del oeste de Asia llamada Europa
que, desde el puerto cananeo de Tiro, fue trasladada a la fuerza a la
isla de Creta. El mito de su rapto a manos de Zeus,
deidad suprema de los griegos, expresa parte de la deuda que Europa
tuvo con sus vecinos orientales más avanzados. Cadmo,
hermano
de Europa,
la buscó inútilmente por las islas hasta que el oráculo de Apolo,
en Delfos, le dijo que se olvidara de su hermana y se estableciera en
la Grecia continental. Así lo hizo y en Beocia fundó la ciudad de
Tebas. Además a Cadmo
se le reconoce el honor de haber introducido el alfabeto en Grecia.
Aunque
al principio los antiguos griegos asimilaron los mitos y leyendas de
pueblos más arcaicos, pronto superaron esa herencia. Valga como
ejemplo de préstamo creativo la historia de los trabajo de Heracles.
El descubrimiento reciente de una épica sumeria acerca de las
hazañas parecidas de Ninurta,
hijo del dios del aire, Enlil,
no deja la menor duda acerca de que antaño existió en el oeste de
Asia una difundida tradición sobre una figura poderosa que tenía
garrote, arco y una piel de león. Sin embargo, los griegos se
apoderaron del mito al permitir que el semidivino Heracles
se convirtiese en dios.
La
“Teogonía” de Hesíodo consigna el ascenso de Zeus
hasta la máxima posición en el panteón griego. Relata la rebelión
del dios contra Cronos,
su padre, y hace una lista de los numerosos hijos que Zeus
tuvo con mujeres mortales e inmortales. También alude a la cólera
de Hera,
esposa de Zeus,
por esas aventuras.
No
cabe duda de que Hera
fue una diosa terrestre prehelénica, cuyo culto estaba tan
fuertemente arraigado que hubo que asimilarle al de Zeus.
Evidentemente, su
turbulento matrimonio fue consecuencia de la imposición del culto
del padre celestial sobre el de la madre tierra, fuertemente
establecido. En una ocasión en que Hera
se excedió en la persecución de Heracles,
Zeus la colgó del
cielo y sujetó sus pies de un yunque.
Se
creía que Zeus
y Hera
habían contraído matrimonio en Creta, además de en otros sitios. Y
fue en esta isla, casi un milenio antes de la aparición de Homero y
Hesíodo, donde los antiguos griegos sufrieron su primer y más serio
reto a su tradición mitológica. Los isleños de Creta –los
minoicos- contaban con una religión que no solo tenía una
diosa-madre todopoderosa, sino un dios que moría y renacía, como
las deidades de Asia occidental. Alrededor del año 1.450 a.C., los
griegos conquistaron Creta y ambas mitologías se fundieron. Por
ejemplo, se modificó el mito del nacimiento Zeus
para permitir su crianza oculta en Creta, después de que su madre
Rea,
diera a Cronos,
para que devorara en lugar de al niño, una piedra envuelta en
pañales (Cronos
devoraba a sus hijos porque se había pronosticado que uno de sus
vástagos lo destronaría).
El
culto de Zeus
no pudo sustituir la muerte y resurrección anual de su equivalente
cretense porque la muerte no podía rozar al inmortal Zeus.
Después de la caída de Cronos, en que el universo se repartió
entre Zeus
y sus dos hermanos Poseidón
y Hades,
a Zeus
le correspondió reinar en el cielo, a Poseidón
en el mar y a Hades
en el infierno. Consideraban territorio común el monte Olimpo (sede
de los dioses en Tesalia) y la tierra.
Dionisio
era un dios que moría y renacía al que tal vez los antiguos griegos
heredaron de Creta; era una deidad relacionada con los toros y el
vino. La tauromaquia de los minoicos –que en la leyenda del héroe
ateniense Teseo se confunde con el alimento del monstruoso Minotauro-
quizá formara parte de las fiestas en honor a Dionisio.
La
mitología y las leyendas griegas fueron de sumo interés para los
romanos, que no habían imaginado a sus dioses con forma humana ni
contaban con un conjunto de mitos relacionado con ellos. Gradualmente
Júpiter
fue considerado como Zeus,
de la misma forma que se identificó a Marte
y a Minerva
con Ares
y Atenea, adquiriendo
estos dioses muchos de sus atributos y mitos.
La
fusión definitiva del panteón grecorromano se produjo en el 148
a.C., después de que los romanos se anexaran toda Grecia.
En
el ínterin, las conquistas de Alejandro Magno (monarca entre 336-323
a.C.) llevaron la influencia griega hasta la India. Su tolerancia de
las creencias asiáticas dio pie a que los griegos adoptaran
rápidamente nuevos cultos y los difundieran por Europa. Los más
significativos fueron los de; Mithras
(de Irán), Cibeles
(de Asia Menor) e Isis
(de Egipto).
El
Partenón aún monta guardia sobre Atenas. Se trata del templo de
Atenea,
diosa cuyo nombre tomó la ciudad. Lo construyó Pericles durante el
período de la Grecia clásica, de 448 a 463 a.C.
Las
cumbres peñascosas del monte Olimpo, en el centro de Grecia, se
consideraban la morada de los dioses del panteón griego.
El
templo de Apolo
en Delfos, albergaba el oráculo que decidió el destino de tantos
héroes griegos. Su fama y autoridad eran tan grandes que los
monarcas se trasladaron de todos los confines para consultarlo.